Emocionalmente sobretodo.
Ahora, de nuevo la extraño y añoro tenerla conmigo tomando mate y hablando de cualquier cosa.
Es difícil ser mi madre, y yo seguramente debo ser difícil de hija.
Soy la que confronta, la que la empuja para estar bien, la que la escucha una y otra vez mientras repite lo mismo y quien le dice las verdades que ella no quiere ver, sin anestesia de ningún tipo.
Muchas veces mi madre es una adolescente y yo soy la que la baja a tierra, como un cometa que tengo que remontar.
La amo, profundamente.
Ella fue quien siempre me dijo que yo era linda, buena e inteligente.
Ella fue quien siempre me hizo creer que yo podía, incluso muchas veces llegue a creerle.
Ella también puede ser la persona más dura, la más impulsiva de todas, la que no tiene filtro alguno y dice todo lo que piensa sin importarle quien la escucha ni en lugar que está. No sabe ni de diplomacia ni de formatos, mi papá dice que es como un "elefante en una cristalería" porque sin querer, a su paso, deja un despelote tremendo, pero aun así, hasta las piedras la saludan cuando pasa.... aun así, tiene una fortaleza a prueba de casi todo.
Es como un personaje de Woody Allen, mística, anda con sus cartas de tarot para todos lados y cree en la buena energía.
En terapia converso seguido sobre ella.
Vernos, remueve muchas cosas, de las buenas y de las malas.
Lloro porque la extraño e incluso lloro porque a veces no puedo entenderla ni cuando la tengo enfrente.
Mi madre.
La que madre que ella puede ser, caótica y gritona, pero increíblemente maravillosa.
Mi mamá.








